-Nostalgia-A estas alturas todo me causa ese sentimiento agridulce, realmente me causa algo en mi recordar todo, lo bueno, lo malo, lo banal; todas esas cosas que poco o nada tienen que ver con el día que tuve, o que estoy llevando. Me causa tanto y a la vez nada, suelo filosofar de manera simplista cada tema porque me da miedo caer en el vacío sin fondo de mi mente y perderme entre lagunas de recuerdos que hacen eterno el olvido, temo jamás darle solución al problema y darme cuenta una vez más, que solamente trato de buscar una respuesta solo para no sentirme tan mal en relación a mis actos. Regularmente suelo pasar por alto estos sentimientos, les doy solución simple y los guardo sin más, si de verdad sentir un arrepentimiento del “yo” que fui, y siempre dejándome en cuenta que los errores los comete cualquiera, y que soy un adolescente y es mi momento de vivir todo lo que pueda antes de empezar a preocuparme por mantenerme en base a un trabajo, mientras estudio y escribo para matar tiempo; y me sorprende ver que siquiera algo tan importante como lo es el amor lo pienso objetivamente. Todo eso antes del día que decidir terminar con algo que pensé seria solo una relación pasajera, muy hermosa y hasta cierto punto plena, pero pasajera.
Fue un 13 o 14 de marzo, ese día me decidí en ir a poner fin al algo que comencé hacia poco, eso es verdad, pero que anhelaba desde hacía un par de años, el día anterior me había decidido a escribirle algo como parte de nuestro adiós, porque aunque no lo sabía por completo y no lo había metido plenamente, tenía en mi saber que había cometido algunos errores fatales que habían llevado, y como es claro, a que sus sentimientos no fueran exactamente los mismos, había escrito dos cartas, una de despedida y otra dándole las gracias por haber sido una muy buena novia conmigo a pesar de yo no haber correspondido de igual manera; y claro que no es por justificarme, pero me sentía vacío de existencia y pasaba noches enteras pensando en un propósito innato de vida, vaya maldita pérdida de tiempo y amor. Como es claro le avise si nos podíamos ver a una cierta hora en una parque cercano a su casa, ella accedió por lo que espere, durante el tiempo de espera que tuve pasaron por mi mente muchas cosas, una de ellas era el que terminaría rompiendo en llanto, debido a que me sentía mal por terminar en ese momento con ella, nada más alejado de la realidad, la hora ya había marcado para que yo fuese de camino a su casa, tome el sobre que cuidadosamente había hecho la noche anterior, y me dispuse a ir por ella.
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Durante el camino me invadió un sentimiento de tristeza, y a su vez me moría de nervios por ir, sentía que mi corazón iba a salir de mi pecho en cualquier momento, por lo que tome un respiro y decidí continuar poco después, al llegar salió ella, igual de hermosa que siempre, su aroma avainillado me lleno por completo, aunque se viese nublado por mi olor a cigarro tan horrendo, caminamos hacia al parque, trate de hacer platica buscando esperanzadamente alguna pequeña cosa que me hiciera dar vuelta atrás con mi plan y seguir una hermosa relación con ella; mi esperanzas se vieron rotas cuando cada pregunta que hacía era respondida con desdén e indiferencia, por lo que me volvió a atacar ese nerviosismo acompañado de ese nudo en mi garganta que trate de pasar más de una vez. Al llegar, nos sentamos donde tantas veces lo habíamos hecho, me invadió la nostalgia de todos aquellos buenos momentos que pasamos nosotros dos en aquel lugar, una última vez más intente platicar o conversar, pero mi respuesta era la misma de hace rato, desdén e indiferencia, sin más opción toque el tema, lo trate, explique y finalice, todo siempre con titubeos y la pregunta “¿Por qué?”, al finalizar todo quedo en un silencio, que más que incomodo era triste, la mire, mire sus ojos y la vi, por lo cristalino de sus ojos me di cuenta ya tarde y mucho después, que aún me amaba, lo que ella buscaba era un cambio en mí, solo que espero demasiado y para mi infortunio, me fui por lo que pensé, estúpidamente, era la única solución. Ese mismo día volví a casa, ciertamente extrañado por lo frívolo de mi ser, ya que no llore y no pude mostrar una emoción aparente, me sentía indiferente y por lo mismo; supuse sería fácil olvidarme del asunto y seguir con mi vida, después de eso deje de basar mi vida en lo teórico.
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Pocos meses después hubo un problema, basado en la ruptura de confianza que ella tenía en mí, en su momento, y causa de nuestra primera ruptura que había terminado en un pronto regreso, yo había compartido material íntimo de ella, que no eran ni fotos, ni nada comprometedor sino que era algo peor, compartí de manera estúpida, los sentimientos de ella, pregone más de una vez que ella no era nada y que no fue nada para mí, en el momento ella no se dio cuenta; pero el día que lo hizo termino odiándome de porvida, y con justa razón vulnere los más preciado que tenía ella hacia mí y yo de ella, su confianza, y peor aún, me burle cínicamente e hipócritamente durante bastante tiempo. Jamás di la cara, jamás dije una sola palabra, jamás me presente, solamente la abandone sin más.
Tiempo después la culpa me consumía rápidamente, y le peso de la culpa era tal, que caí en el vacío de alcohol, donde me ahogaba día con día, arrastrando a mi familia conmigo, era noche tras noche de reflexionar, pensar y filosofar, pero siempre me sentía igual. Día tras día era peor, todos los días iguales, monótonos, y absurdos, me vi en una depresión que sentía tan lejana a acabar que simplemente bebía y bebía para pensar en algo que no fuese ella, pero la alucinaba, sentía su presencia, sentía su aroma, sentía su calor; escuchaba su voz y cada mujer con el pelo similar a ella la confundía y perseguía esa cabellera color espiga dorada. Después de tanto filosofar encontré un poco de paz y retomé mi vida de nuevo. Pero todavía aun me llegan recuerdos de nostalgia, solamente que los manejo de mejor manera que antes. Hoy en día pienso en ella, no como un fantasma que aqueja mi mente, sino como la persona que me ayudo a poder saber amar, y comprender el complejo sentimiento de amar. Y no me queda más que agradecerle eternamente. Gracias Salomé.
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