VISIÓN DE OTOÑO
VISIÓN DE OTOÑO
Te pareces
a las flores en otoño,
ansia inconsciente
sobre las pupilas
de la tierra.
Entre tus corolas de miel
ronronean alas,
se agitan los besos,
alzan revuelo las manos,
susurro del deseo
hundido en el cáliz de tu cuerpo.
En los pistilos
guardas el polen,
lluvia de polvo
bajo la sombra inédita.
Te pareces
a las flores en otoño,
hojas verdes cubriendo
la presencia de una idea
y pétalos amarillos
deshaciéndose
en las germinaciones
de los dedos.
Me hundo en tus pistilos,
adentro construyo
una copa que surca la felicidad.
Me instalo
en tus pétalos abiertos
así como el río
recorre tu espalda de luna,
tu silueta de bronce,
tu silencio de fuego.
Tu boca sabe a luna desnuda
y mis labios
crecen como pequeños relámpagos
lo mismo que las flores dictaminan el disfrute.
El viento y sus pupilas
mueve tus frágiles collares de sol
y son labios fugitivos
mordiendo la distancia
entre tus senos.
Tus raíces silvestres
hacen jardines
repletos de sol,
que atormentan las corolas
a mi paso por tu alma.
Acaricio el amarillo de minerales
y en el recorrido
por tu cuerpo,
mi pensamiento -llanto de sol-
ata el silencio de las flores
que es lo mismo que tu cuerpo.
El viento,
cabellera
pavimentada de otoño
desvanece el rostro
estrujando la ternura de un beso de río,
bailando entre las hierbas,
-última pupila del otoño-.
Eres como las flores
haciendo veneros en el alma,
bajando un instante
la geografía de tus labios,
préstame tu otoño
quiero guardarlo ebrio
como racimos de jacintos
porque tú eres mi límite.
Te pareces
a las flores en otoño,
ansia inconsciente
sobre las pupilas
de la tierra.
Entre tus corolas de miel
ronronean alas,
se agitan los besos,
alzan revuelo las manos,
susurro del deseo
hundido en el cáliz de tu cuerpo.
En los pistilos
guardas el polen,
lluvia de polvo
bajo la sombra inédita.
Te pareces
a las flores en otoño,
hojas verdes cubriendo
la presencia de una idea
y pétalos amarillos
deshaciéndose
en las germinaciones
de los dedos.
Me hundo en tus pistilos,
adentro construyo
una copa que surca la felicidad.
Me instalo
en tus pétalos abiertos
así como el río
recorre tu espalda de luna,
tu silueta de bronce,
tu silencio de fuego.
Tu boca sabe a luna desnuda
y mis labios
crecen como pequeños relámpagos
lo mismo que las flores dictaminan el disfrute.
El viento y sus pupilas
mueve tus frágiles collares de sol
y son labios fugitivos
mordiendo la distancia
entre tus senos.
Tus raíces silvestres
hacen jardines
repletos de sol,
que atormentan las corolas
a mi paso por tu alma.
Acaricio el amarillo de minerales
y en el recorrido
por tu cuerpo,
mi pensamiento -llanto de sol-
ata el silencio de las flores
que es lo mismo que tu cuerpo.
El viento,
cabellera
pavimentada de otoño
desvanece el rostro
estrujando la ternura de un beso de río,
bailando entre las hierbas,
-última pupila del otoño-.
Eres como las flores
haciendo veneros en el alma,
bajando un instante
la geografía de tus labios,
préstame tu otoño
quiero guardarlo ebrio
como racimos de jacintos
porque tú eres mi límite.
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