VIDA EN LA CALLE
Ojos largos me miran,
desde el cordón,
desde la vereda,
lánguidos – sin vida,
brillan hacía dentro,
buscan respuestas.
Juega con su cara finita
un flequillo seco
sin vida.
Ajado el cuello
de su camisa;
ajada el alma,
ajada la pena.
Extiende su mano abierta,
espera y pide
una moneda para volver a casa,
para el pan del día,
a quién lo manda
y no lo quisiera.
El ruido de la calle
ensordece y tapa
su soledad infinita,
su abandonada,
sin piedad olvidada
juvenil inocencia.
En mueca se tuerce
la sonrisa perdida
y se queda.
Se quedará para siempre
en el cordón de la vereda
o sucumbirá
por tanta miseria.
desde el cordón,
desde la vereda,
lánguidos – sin vida,
brillan hacía dentro,
buscan respuestas.
Juega con su cara finita
un flequillo seco
sin vida.
Ajado el cuello
de su camisa;
ajada el alma,
ajada la pena.
Extiende su mano abierta,
espera y pide
una moneda para volver a casa,
para el pan del día,
a quién lo manda
y no lo quisiera.
El ruido de la calle
ensordece y tapa
su soledad infinita,
su abandonada,
sin piedad olvidada
juvenil inocencia.
En mueca se tuerce
la sonrisa perdida
y se queda.
Se quedará para siempre
en el cordón de la vereda
o sucumbirá
por tanta miseria.
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