Veracidad que se eriza

a la izquierda de todos mis sigilos:

Busco tu espejeo de gema rota

en las inmensidades del letargo.

Repitencia de ti en las curvaturas

de un ánimo del todo suplantado.

A mí diestra se crean los solos gríses

que tuve al ser otro hijo de luna:

Sé que estás en la estridencia del Levante

y que tus rubores saciarán mi pragmatismo

mientras manos de hojaldre me recorren

fieras más que las fauces del esclavo

anclado a sus ferocidades soportadas

y que se desbobla en la cálima increada.

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