UNA JORNADA
Una jornada
Te veo por la mañana
Que bajas de la cama,
Que despiertas a tus hijos,
Que te das un baño.
Y luego que te arreglas.
Que todos desayunan.
Que llevas a los hijos
A la escuela.
Que te vas al trabajo.
Y luego por la tarde,
Que recoges a tu madre.
Que recoges a tus hijos.
Que van a casa de tus padres.
Que en seguida
Haces de comer.
Y luego
Que vuelves al trabajo.
Que en la noche,
En casa de tus padres,
Recoges a los hijos.
Que se van a tu casa.
Que meriendan.
Y que entonces,
Se van a dormir,
Tu con la cara cansada,
Con un enorme peso
En la espalda.
Y con angustia
En el corazón.
Y tus hijos,
Con el halo
De la juventud.
Pero no he visto,
Ni la luz de tus ojos,
Ni tu pecho con pálpitos,
Ni una suave sonrisa.
No he visto en este día,
El vuelo de tus manos,
Tu silueta ondulando,
Tu perfil ensoñado
Y tampoco oí tu voz,
Ronca, ensimismada.
Ni oí tu alegría
Desgranada en carcajadas
Ni he visto tus recuerdos.
Ni el vuelo esperanzado
De tus sueños
Ni siquiera un barrunto
De deseos.
Y sólo me he quedado
En un punto de atisbo,
En la espera del fragor
De tu sangre dormida.
En la espera del caudal
De tu savia exquisita.
A la vera del camino,
¡ Ansiedad infinita !
Mirando el horizonte
Y las nubes esquivas.
Vibrando con el trueno
Que resuena en tu pecho.
A punto de la flama,
Del incendio escondido.
.
Y no acierto a consumirme,
Ni a brillar en tu fuego.
Ni a hundirme
Entre tu pelo
Consumiendo tus besos.
Ni a morir bajo las lanzas
De tus manos heladas.
Ni a acercarme
A tus mejillas
Presurosas y suaves.
En cambio te persigue
El dogal de mis brazos,
En el mundo en que me vives
Y en que inerme me matas.
Y luego extrañamente
Por el aire te escapas,
Oh diosa que reclamas,
El misterio y la esencia
Del libre y decidido
Germen de tu ensueño.
0SAN JERÓNIMO LÍDICE.- 26 DE MAYO DE 2006.
Te veo por la mañana
Que bajas de la cama,
Que despiertas a tus hijos,
Que te das un baño.
Y luego que te arreglas.
Que todos desayunan.
Que llevas a los hijos
A la escuela.
Que te vas al trabajo.
Y luego por la tarde,
Que recoges a tu madre.
Que recoges a tus hijos.
Que van a casa de tus padres.
Que en seguida
Haces de comer.
Y luego
Que vuelves al trabajo.
Que en la noche,
En casa de tus padres,
Recoges a los hijos.
Que se van a tu casa.
Que meriendan.
Y que entonces,
Se van a dormir,
Tu con la cara cansada,
Con un enorme peso
En la espalda.
Y con angustia
En el corazón.
Y tus hijos,
Con el halo
De la juventud.
Pero no he visto,
Ni la luz de tus ojos,
Ni tu pecho con pálpitos,
Ni una suave sonrisa.
No he visto en este día,
El vuelo de tus manos,
Tu silueta ondulando,
Tu perfil ensoñado
Y tampoco oí tu voz,
Ronca, ensimismada.
Ni oí tu alegría
Desgranada en carcajadas
Ni he visto tus recuerdos.
Ni el vuelo esperanzado
De tus sueños
Ni siquiera un barrunto
De deseos.
Y sólo me he quedado
En un punto de atisbo,
En la espera del fragor
De tu sangre dormida.
En la espera del caudal
De tu savia exquisita.
A la vera del camino,
¡ Ansiedad infinita !
Mirando el horizonte
Y las nubes esquivas.
Vibrando con el trueno
Que resuena en tu pecho.
A punto de la flama,
Del incendio escondido.
.
Y no acierto a consumirme,
Ni a brillar en tu fuego.
Ni a hundirme
Entre tu pelo
Consumiendo tus besos.
Ni a morir bajo las lanzas
De tus manos heladas.
Ni a acercarme
A tus mejillas
Presurosas y suaves.
En cambio te persigue
El dogal de mis brazos,
En el mundo en que me vives
Y en que inerme me matas.
Y luego extrañamente
Por el aire te escapas,
Oh diosa que reclamas,
El misterio y la esencia
Del libre y decidido
Germen de tu ensueño.
0SAN JERÓNIMO LÍDICE.- 26 DE MAYO DE 2006.
6290
Cargando comentarios...