Un mundo en que uno se siente vacio, desanimado, tratando de importar a los demás pero sin hacer notar lo que a uno le importa. Esa sensación casi hasta de vergüenza al quedar infraganti cuando queremos o necesitamos a alguien.
Un mundo en el que es más fácil aislarse en uno mismo en una fortaleza impenetrable. En redes sociales, películas, series y que no me falten los libros, nutriéndonos  de esa dosis de dopamina a la que somos adictos.
Es más fácil sentir a través de reproducciones irreales de la vida, esperando que mágicamente aparezca esa media naranja, el llamado amor verdadero, ese que te ama conociendo cada rincón y recoveco de tu ser, esperando esos silencios placenteros dignos de un buen film.Peco de romántico al admitir haber soñado con ese amor perfecto, aun ahora lo hago, ese amor  lleno de dificultades, las cuales son parte de construir eso tan ansiado, con esa persona única.
El problema radica cuando no nos dejamos sentir, al haber recibido una dosis de ese amor, ese amor perfecto para luego perderlo. Le dejamos al destino y al tiempo la gran responsabilidad de conducirnos a esa persona, a ese ser.
Hoy digo basta, al diablo el tiempo y el destino, hay q buscarlo por uno mismo, al diablo la pena y los miedos. A buscar y a buscar así por lo menos el irrefrenable tiempo y el sinuoso destino tienen menos trabajo.
2010

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