Tú te olvidas en instantes
que me quieres y me amas,
se me pudre el futuro
cuando hablo, y tú callas.
 
Tú me miras con recelo
y vengas mis errores,
te olvidas tristemente,
de mis labios sus sabores.
 
Tú me aflijes en las noches
con insomnio despiadado,
no conforme ya con eso,
me apartas de tu lado.
 
En cambio yo,
ante tu amargo y cruel desaire,
sigue ardiendo en mí la llama;
y aunque a ratos tú me olvides,
mi alma nunca olvida que te ama.
 
Sergio Soria 
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