¡treinta años!, quien diría que al cabo de ellos
si no blancos mis cabellos tuviese el alma apagada y fría.
Un día tras otro día mi existencia han consumido
y hoy, cansado y abatido,
 mi memoria se derrama por el ancho panorama de los años que he vivido,
y aparecen ante mi, presurosas y ligeras
las venturosas quimeras que desvanecerse ví,
la inocencia que perdí y aquel vago sentimiento
que anidó en mi pensamiento
 cuando eran mis alegrías las magicas armonías del mar, el sol el viento.....
 
 
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