Tribulación
Cuando los recuerdos
son una linea delgada,
se fugan taciturnos
por el vértice tenue
de mis emociones,
y no hay fortaleza
que los recupere
de su extinción,
son solo suspiros
que se reclinan inmutables
en una desvelo infinito,
como una meseta
sin ondulaciones
ni pendientes,
con relieves retraídos
en la estaticidad de la nostalgia.
Así mi lasitud
cercena mis anhelos,
que se filtran
por las ranuras invisibles
de mi conciencia,
codiciando
la gracia de la armonía
y la extinción de la aflicción,
sosteniendo mis ansias
de retornar de la tristeza
al eje imperturbable
de mi equilibrio emocional.
E B
Obra pictórica de Oswaldo Guayasamín.
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