Traigo el bermellón en la rosa amarilla

que cargara Neruda entre sus brazos largos.

Igualmente como él sigo el revoloteo

de chispas muy doradas que dejas en archipiélagos.

Ahora porto yo el portento y la dádiva

ofrecida por otros entre mil trinos híbridos.

Te sigo a ti mujer pues estás encendiendo

los faroles sinceros que mojan mis pleamares.

Quiero que en mí convergas con todos los propósitos

mientras también mi cuerpo gira sus aspas locas

y todos los molinos me entregan ya sus hálitos

para que exhale en ti mi sabor a madera.

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