Tercera presencia
Afuera, la lluvia parecía observarnos a través de la ventana, mientras nuestrxs cuerpxs se disolvían a su compás.
Ella caía sobre la acera.
Nuestra piel derramándose en la seda.
Tus besos parecían sus cantos,
tenues sonidos tuyos,
como los que nacen de la naturaleza.
La lluvia era una tercera presencia, silenciosa, empeñada en habitar nuestro encuentro, como si también quisiera fundirse con nosotras.
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