TEMOR.
Temo a la soledad, a su silencio
violento y perpetuo que inexorable
cual verdugo perfecto inspira
a mi agitado aliento terminar
con mi existir.
Temo al lamento de mi llanto,
a su tormento agudo y punzante,
que insensible cual cuchillo violento,
desgarra el trémulo aliento,
que aún persiste vivir.
Y no hay nadie, solo yo, y el herido
latir de mi pecho, que sofocado y
agonizante al viento, retumba
en sinuosos lamentos su último
canto de adiós
Y no hay nada, solo sombras y el sublime
perfume a mi sangre que tibia y
silenciosa a mi llanto emerge
en gotas mortales desde mis
brazos de adiós.
                                                   
                                                               
                                 
Christian Solís Solís
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