SURCOS DE VIDA
La vida abre surcos muy profundos
y no siempre la tierra está preparada
para la siembra de los nuevos frutos.
Pero la tierra eres tú:
tu carne, tu corazón, tu mente;
todo tu ser es campo llano o abrupto.
Y sobre ese campo llueven los hechos,
caen terribles nevadas de ausencias inesperadas
o, a veces, los aires rudos secan tus sueños.
Mas, como siempre, hay primaveras
e inviernos, otoños tristes y tórridos veranos
que dejan en el alma surcos profundos.
Los arados más fuertes: el amor y la muerte,
dejaron la hondura de la herida o la luz bendita,
y en esos surcos crecieron la flor y la espina.
E.G.M.
y no siempre la tierra está preparada
para la siembra de los nuevos frutos.
Pero la tierra eres tú:
tu carne, tu corazón, tu mente;
todo tu ser es campo llano o abrupto.
Y sobre ese campo llueven los hechos,
caen terribles nevadas de ausencias inesperadas
o, a veces, los aires rudos secan tus sueños.
Mas, como siempre, hay primaveras
e inviernos, otoños tristes y tórridos veranos
que dejan en el alma surcos profundos.
Los arados más fuertes: el amor y la muerte,
dejaron la hondura de la herida o la luz bendita,
y en esos surcos crecieron la flor y la espina.
E.G.M.
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