Soñando
Mar y montaña no pueden amarse,
no pueden siquiera juntos estar
pero se aman tanto, tanto se admiran
que a veces parecen el destino trocar
En tenue danza bailan sin cesar
las tibias olas que revuelve el mar,
mientras el viento mece los cabellos
de los altos cerros en la inmensidad.
Pero no se tocan, ni tampoco se miran
el mar y la montaña, no pueden jamás
fundar sus amores, en un suave ruego
pues nunca están cerca para poder rogar.
Mar y montaña, amor imposible
como los hay tantos en el duro andar,
nunca se tocan, jamás se besan
pero en tardes libres, llenas de ilusión
cuando baten las olas o rugen los cielos
como dos amantes sueñan con su amor.
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