Sesenta
Ni a dioses ni a mortales les debo confesión
de la certeza que guardamos tanto tiempo
ahogaba pecesitos en copas de vino
esperando que embriagados me contarán la verdad.
Mis mariposas dejarón de volar, te las robaste con tus labios
y me haz escondido como niña entre tus brazos
y acabaría con esos ciento veinte días que han leído
en las líneas de tu mano...
Y engañaría al reloj, la luna, al destino y al mismisimo diablo;
les arrancaría de la mano la eternidad para pintarla a tu lado.
Pensamientos, caricias nonatas, minutos, susurros claros
que solo contigo son mejor que el vaticano en llamas.
No pretendo ser tu dueña
soy tan mía, como tuya,
solo quiero que ates un nudo doble
alrededor de mi cintura.
Y te miro a los ojos
aunque griten:- Es la bestia!-
diré que no es sacrificio ser devorada por ella
Que me perdería una y mil veces
en el camino hacia la casa de la abuela
que tus aullidos no me asustan
que aunque digan que eres monstruo
vendería mi alma entera.
de la certeza que guardamos tanto tiempo
ahogaba pecesitos en copas de vino
esperando que embriagados me contarán la verdad.
Mis mariposas dejarón de volar, te las robaste con tus labios
y me haz escondido como niña entre tus brazos
y acabaría con esos ciento veinte días que han leído
en las líneas de tu mano...
Y engañaría al reloj, la luna, al destino y al mismisimo diablo;
les arrancaría de la mano la eternidad para pintarla a tu lado.
Pensamientos, caricias nonatas, minutos, susurros claros
que solo contigo son mejor que el vaticano en llamas.
No pretendo ser tu dueña
soy tan mía, como tuya,
solo quiero que ates un nudo doble
alrededor de mi cintura.
Y te miro a los ojos
aunque griten:- Es la bestia!-
diré que no es sacrificio ser devorada por ella
Que me perdería una y mil veces
en el camino hacia la casa de la abuela
que tus aullidos no me asustan
que aunque digan que eres monstruo
vendería mi alma entera.
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