Tú no sabes, Yoko
que yo soy un cacto triste
-miserable-
una nube de huesos remendados
un tractor pidiendo permiso 
            para despegar.
Tú no sabes, Yoko
que una canción es un charco de tiempo
            un árbol errante
y que montado en mi potro
            de trapo y estopa
            cantando mis himnos
cabalgo dejando un rastro de lodo 
en las alfombras del rey.
En cambio, mi Yoko, tú sabes
hacerle el amor a una silla
cantar al compás de las puertas
            cerrar las ventanas
en vísperas del huracán
Tú, Yoko 
tienes los brazos de luna 
que busca Cosette
por eso te canto 
sin despertarte.
Entérate niña
este arrullo
de letras
es tuyo.
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