ACECHO
 
Desde algún rincón de la sombra
con sus ojos de gato 
el silencio acecha mi presencia
Presa fácil
en esta comunión del grito
 
DEL SILENCIO
 
 El hombre que habla el silencio 
abona cada día las palabras 
las cuida con esmero
ellas crecen
le van formando un nudo vegetal
en la garganta
 
EL PATIO DE MI CASA
 
 Mi casa sobre la orilla del abismo
al lado de las nubes
territorio del viento
es una confortable mansión
de precipicios
Su patio: el largo vuelo del pájaro
 
MEMORIA
A mi madre
 
Bajo tanta lluvia de Dios te recuerdo camino de la aldea, llevando de la mano un niño asombrado, tu rostro sereno,  tu sonrisa; mientras el río se inflama, ruge; crece arrastrando a su paso la tarde que se desploma entera, el viento, la montaña, la aldea toda.
 Memoria erguida en una bella garza.
 
PUENTE
 
Para alcanzar la otra orilla del sueño, es preciso tender un  puente de metales y brebajes, sobre el vacío tembloroso de la noche, dispuesto a resistir el peso de las huellas, que pueda mantener el equilibrio de la memoria, capaz de esquivar la bruma de los abismos.
Es necesario atizar el fuego, afilar los cuchillos, atrapar el grito con las manos desnudas.
Para alcanzar la otra orilla del sueño, pesadilla del sol, es prudente tender un puente de hechizos y milagros, ignorar la llave, el hilo extraviado en el ojo de la aguja, aceptar en silencio el asombro y el arcano.
Es  ahora que despierta la vigilia.
 
PESCADOR
A Jaime Guerra
 
Teje la red para atrapar el sueño
de fique y bruma
en tardes de verano
La extiende sobre la noche del río
al amparo de la luna
luego de espantar a la bruja
que le borra los pasos
que le esconde el camino
Después de conjurar el bosque
claroscuro universo de señales
       / aleteos
extraña música de vuelos
     / alaridos
Teje la red para atrapar el sueño
La arroja sobre el  cuerpo
de la madre del agua
la bella mujer que lo lleva hasta el fondo
a su cueva de encanto
y entre piedras que brillan
lo ama en silencio
con su cuerpo de pez
 
EN LA CURVA DEL RÍO
 
En la curva del río
donde el agua se despoja
se lava de culpa
salta al vacío
la luna bebe su reflejo
colmado de peces heridos
amarillos
 
EL CANTO DEL PÁJARO
 
El camino se estira como serpiente
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sobre el hueso limpio de la noche
 
La luna y el árbol recorren el sueño
entre el silencio largo
 
saludo de piel cuando tu fuego
ilumina el canto del pájaro
 
MONÓLOGO DEL PÁJARO
 
En este árbol construiré mi casa
lejos del ruido que apaga la aurora
Más allá del polvo que cubre las alas
sepulta los sueños
ahoga el silencio
En este árbol construiré mi casa
lejos de la esquina azarosa
donde la noche tiembla
Nido de verano
sobre este árbol en que retoza el viento
y el paisaje cuelga
racimos de distancia
Casa y canto en este árbol lejos de la calle
más allá de la esquina
donde la huella gime
el vuelo sangra
 
GRITO
 
Madera dentro, en la entraña,
aún el grito.
Ignora el carpintero la savia derramada,
el llanto contenido,
el dolor en cada rama,
todo lo que cuesta al árbol
la felicidad del hombre.
¿Sabe acaso el carpintero
que la escalera lleva un gemido por peldaño,
que para ascender al cielo
es necesario un crimen?
Pobres de nosotros
que descansamos en cómodos cadáveres.
Pobres de nosotros:
en cada verso la sombra fallecida,
cada libro un funeral.
 
MUDANZA
 
Te vas de una tiniebla a otra
Claude Michel Cluny
Como serpiente en el camino, en cada esquina, 
el pellejo del miedo, la duda.
 
Y este gris que se no disipa, esta bruma que no cesa.
 
AL FINAL
 
Precipicios acechan la memoria y no dan tregua. Inexorable reloj del que elige partir. Ya no hay tiempo en la hora de lo eterno. No hay lugar ni deseo ni sueño. Sólo esta avenida sin distancia.
Esta calle de polvo que desciende.
 
PALABRAS
 
Palabras arrancadas al oscuro rostro del lenguaje.
Palabras como agujeros en la piel, por donde asoma el alma.
Palabras como cuchillos, afiladas en la piedra del insomnio.
Palabras cristalizadas en virtud de la verdad desconocida.
 
OLVIDO
Yace la vida envuelta en alto olvido
Quevedo
 
Árbol distraído en la distancia. Callado el viento
en la hora del río. El valle detenido en el camino,
en el musgo de la piedra. Absorto el día. Todo
en el olvido. El abril de sueños y locuras. Todo,
menos la palabra.
 
ALBEDRÍO 
A Mauricio Contreras Hernández
 
De los escombros elige el que te guste.
Hay azules cielo despejado,
para aquellos que sueñan paraísos,
donde la luz no alcanza.
Hay verdes, como el vientre del bosque,
colmados de hojas y de alas.
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Los hay rojos como la sangre
que se vierte en cada guerra, en todo vino.
De los escombros elige el que te guste.
Hay variedad de grises olor a bruma.
El negro escondido en algún lugar de la tiniebla.
El blanco páramo. 
El que inventa el calor de la canícula.
Puedes llevar los colores del sol y de la flor,
acaso el lila, el magenta,  el rosa.
Puedes llevar los colores de la luna y  la semilla,
los oscuros colores de la tierra.
Puedes llevar el amarillo dorado,
como el alba o la tarde,
como fruto maduro,
como ese viento que danza en los trigales.
De los escombros elige el que te guste.
Sólo tú sabes el color de tu miseria.
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