RUEGO POR ALGUIEN QUE SE FUE
No te vayas. Quédate.
La noche es más profunda
cuando tu voz subsiste dentro de la mía
y nuestros ojos escrutan
a los demonios que acechan, sigilosos,
en mitad de la bruma.
No te vayas. Quédate.
¿Por qué ceder a la rosa del día
este territorio abierto a fuerza
de negras espinas?
¿Qué queda después de la huida?
¿Dónde están los que veníamos,
abiertas las fauces, rugientes las venas,
sobre un mar de palabras
hechas de carne y sangre?
No te vayas. Quédate.
Mira que es doloroso el silencio
más que esta estridencia
de voces muertas,
decolorando cada entrada
obstruida de tantas
flores secas como la muerte.
No te vayas. Quédate.
Y sabrán que el cielo
puede arder a pesar de la lluvia,
a pesar del frío,
a pesar de tanta palabra
derramada sin sentido,
derramada,
sin sentido,
de tanta palabra
sin voz
que la sustente.
La noche es más profunda
cuando tu voz subsiste dentro de la mía
y nuestros ojos escrutan
a los demonios que acechan, sigilosos,
en mitad de la bruma.
No te vayas. Quédate.
¿Por qué ceder a la rosa del día
este territorio abierto a fuerza
de negras espinas?
¿Qué queda después de la huida?
¿Dónde están los que veníamos,
abiertas las fauces, rugientes las venas,
sobre un mar de palabras
hechas de carne y sangre?
No te vayas. Quédate.
Mira que es doloroso el silencio
más que esta estridencia
de voces muertas,
decolorando cada entrada
obstruida de tantas
flores secas como la muerte.
No te vayas. Quédate.
Y sabrán que el cielo
puede arder a pesar de la lluvia,
a pesar del frío,
a pesar de tanta palabra
derramada sin sentido,
derramada,
sin sentido,
de tanta palabra
sin voz
que la sustente.
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