Llegaba yo a casa el sábado pasado.
Grande fue mi sorpresa cuando me
informaron que alguien me había
enviado un ramo de flores.
De inmediato comenzó a saltar el
baile en mi corazón, latiendo
desenfrenado al ritmo de una ilusión.
Al ver el ramo envuelto en fino papel
de seda como si fuera otra flor con
pétalos de contraste color mostrando
las rosas blanca en su belleza y su candor.
La alegría se mostraba dentro mío desde
la sangre hasta el corazón la pregunta
saltó por todos los rincones por donde
pasaba mi ilusión.
Las palabras se escaparon... todos en
casa esperaban mi expresión, pero solo
me salió: -"¿Quién me las mandó?"-
Más de una mano de sobrinos buscaban
curiosos la tarjeta de identificación, que
perdida entre los pétalos solo decía sin
explicación: -"Para Raquel"-
Los rostros conocidos de postulantes
a pretendientes que pasaron sin quedarse
por esta cenicienta con sueños hechos
pedazos, desfilaron en secuencia mientras
yo pensaba ¿cuál de ellos será?:
El de: -"Eres demasiada buena para mí"-
El de: -"No te llame para tu cumple
porque estabas ocupada"-
El de: -"Mañana te llamo así tomamos algo"- o
El de: -"Me casé... yo no quería... pero de
vos no me puedo olvidar"-
¿Cuál?... ¿Cuál?... ¿Cuál?
-"¡No importa!"- me dije. La alegría
se había instalado con mucha razón.
Cualquiera de ellos, mis frustrados
pretendientes habían tenido conmigo
un gesto romántico de atención.
Puse el ramo en el lugar más exclusivo
de casa para admirar a cada momento
y a cada paso la belleza de cada flor.
Mis sobrinos y hermanos felices...
¡Por qué si las flores eran para mí!
Cada día de la semana, yo alimentaba
mi inspiración absorbiendo el aroma...
enamorándome de sus formas y su color.
Cada mañana de esa semana con suave
plumero armonizado entre mis labios
corría la tierrilla que se instalaba en
mi hermoso ramo de flor.
Suspiraba mi alma... Feliz mi corazón...
mis ilusiones volaban buscando el destino
de un hermoso amor.
Cumpliendo la promesa del asado por el
cumple número 20 de mi sobrino nos
volvimos a reunir.
La mesa era pura algarabía... Bullicio...
Música... Risas... Saludos, de repente
en medio de aplausos recibieron al invitado
que faltaba: un futuro sobrino que llegaba
demorado y se dispuso a compartir.
De pronto ante un silencio obligado se
escuchó una voz que decía:
-"Tía Raquel. ¿Le gustaron las flores que
le mandé?"-
A mí se me paralizó el corazón... el resto
a silencio se llamó
mientras yo respondía: -"¿Las flores?"-
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-"Sí. Las rosas blanca que le mandé
¿No se acuerda que usted me preparó
las cuatro materias para ingresar a
la policía y yo las aprobé? Entonces me
acordé que a usted le gustaba las rosas
blanca ¡Por eso se las mandé!"-
Vi escondidas sonrisas a flor de reír...
Yo me mantuve intacta había frenado
el ritmo de mi corazón.
Al mirar el ramos de rosas blanca, les dije:
-"Romántica desilusión"-
Continué compartiendo la mesa después
de haber despedido de mi mente
a quienes creí dueños de esa atención.
 
                                                        Raquel 
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