Rituales chamánicos
Lianas salvajes rodeaban los carnosos cuerpos trivales,
la sequedad del viento lijaba las pinturas intravenosas,
en un rasposo segundo los papagayos petrificaban sus alas
y los indígenas despedazaban el futuro en gelatinosas entrañas.
Los escupitajos filtraban en la tierra viejos trances,
arcadas de delirio resonaban en la espesa oscuridad,
cajones y cencerros en llamas inflamaban el rugido del jaguar,
el veneno de las serpiente y el escorpión
transpiraba por sus resbaladizas pieles como hungüentos apocalípticos.
La larga lengua humana ladraba monótona el cántico litúrgico,
chamanes y espectros bailaban a mala cara
confundiéndose entre la chispeante hoguera y las sombras mudas,
la soga de los muertos se balanceaba ante la luna
y el silbido del mal espíritu trajo consigo el color del diablo;
malos augurios.
De repente, la grave y sabia voz salida del chorreante esqueleto inerte
sangró en un grito de mutilada desesperación
¡Sacrilegio, saccrilegio, sacrilegio!
la sequedad del viento lijaba las pinturas intravenosas,
en un rasposo segundo los papagayos petrificaban sus alas
y los indígenas despedazaban el futuro en gelatinosas entrañas.
Los escupitajos filtraban en la tierra viejos trances,
arcadas de delirio resonaban en la espesa oscuridad,
cajones y cencerros en llamas inflamaban el rugido del jaguar,
el veneno de las serpiente y el escorpión
transpiraba por sus resbaladizas pieles como hungüentos apocalípticos.
La larga lengua humana ladraba monótona el cántico litúrgico,
chamanes y espectros bailaban a mala cara
confundiéndose entre la chispeante hoguera y las sombras mudas,
la soga de los muertos se balanceaba ante la luna
y el silbido del mal espíritu trajo consigo el color del diablo;
malos augurios.
De repente, la grave y sabia voz salida del chorreante esqueleto inerte
sangró en un grito de mutilada desesperación
¡Sacrilegio, saccrilegio, sacrilegio!
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