Aceptaré la fatalidad
cuando el hecho se haya consumado.
 
Mientras quede posibilidad,
un atisbo de esperanza,
lucharé para que no suceda,
para que no se cumplan
los malos augurios.
 
Debemos resistir hasta el último segundo;
y si sucede lo fatal e inevitable,
entonces, antes de llorar
lo ya perdido,
hay que mantener la dignidad
y el orgullo de haber defendido
aquello que bien merecía el sacrificio.
                                          E.G.M.  
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