Cuando posé mis labios
en las delgadas venas
de sus blancas manos,
sentí el latido de su corazón ardiente.
Cada tic-tac anunciaba que se iba......
que se iba para siempre.
Me agoté de amarla sin descanso
y se fué....jugando,
con el reloj de arena entre sus manos.
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