Raíz en tierra ajena
A la sombra de mis pensamientos,
siento tus pétalos acariciando mi piel.
Al fondo del retrato, insistente, tu mirada me observa,
dibujando en una línea tu sonrisa,
aquella que ilumina y divulga lo que aún mi voz no grita.
Las flores rendidas se esconden tímidas,
pues tu hechizo de luz brilla en esa tu mirada taurina.
Es dulce y peligrosa, y me pierdo en su enigma.
¡No me despiertes de mis horas perdidas!
En tu verde campo florecen mis ilusiones;
allí, mi vida encuentra su nido.
El viento despeja el gris del cielo,
y en una azul poesía pinto tu abrazo perdido.
Si pudiera ser tu aliento, haría de tus sueños mi suelo,
y aspiraría el aroma tuyo,
aquel que mi corazón tiene escondido.
Tu voz es una melodía: ¡qué inmenso canto haberla oído!
Cautivan mis ojos y me conducen lejos,
por esa silueta que mis ansias han recorrido.
Hoy toda gira en quietud; oculto el pistilo del símbolo sagrado,
aquel secreto del latido infinito.
¡Qué notas tan tristes ahora suenan!
¡Es primavera, flor!
En tu jardín déjame,
que soy raíz en tierra ajena.
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