QUERIDA AMIGA
En mi afán de dudar, dudo que vuelvas,
y aunque ya no te espera mi esperanza,
puede pasar que un día me sorprendas,
pues por suerte mi asombro no se cansa,
y al llegar a un camino en que te pierdas
se resuelva tu paso en desandanza.
No predigo tus golpes en mi puerta,
tampoco un apogeo de esta larga
ausencia de lecciones y reproches,
y de hermanar los días con las noches
bebiendo de la jarra del deseo,
acaso se distraiga el desapego
y te rías conmigo en un derroche,
pero arder con mi piel... ya no lo creo.
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