Silvana Cappuccini V
                                                                                       11/11/2005
 
Simplemente fémina dolorida
de un amor fallido
peremne desconfianza
de desamores nido.
 
De alas eternas,
errante sin tiempo,
de miedos enferma,
de inseguridades templo.
 
Herida sangrante
que detener no puedo,
estéril de amantes,
en constante duelo.
 
Mendiga de amores
buscando consuelo,
no hallando remedio
para los añorados sueños.
 
Hembra que se apaga
sin piedad de tiempo
fruto del que sembró
tanto desconcierto.
 
Ciega por la vida
con la mochila a cuestas
sin encontrar luz
ni muchas respuestas.
 
El alma hecha trizas
cual vidrio quebrado
aunque junto sus trozos
queda mal reparado.
 
Duele fuerte en el pecho
la llaga sangrante
contengo en silencio
su hiel degradante.
 
Por las noches eternas
 se inudan mis ojos
entre ágiles líneas
mi pena desbordo.
 
 
Liberando esta lava
en palabras locas
voy sellando el dolor
que tanto provoca.
 
¿Qué queda de mí?
¡Sólo tristeza hecha carne!
 
¿Qué queda de mí?
¡Sólo inercia agobiante!
 
¿Qué queda de mí?
¡Sólo un espantajo infausto,
una quimera inanarrable
de lo que un día fui!
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