Que el otoño me desnude
Después de ti creció un silencio penoso
y me senté con él, entregada a la espera,
rodeada de malezas que brotaban
succionando la savia de recuerdos.
Y entre promesas tontas
-que gritan estar muertas-
aguardo un tren;
alguno que me saque de esta cárcel
o deje en el andén a la que fui
y se lleve a Penélope.
Aguardo en la vereda de la vida
una sola razón,
un hilván de esperanza
para coser el aire que se rompe;
mi nombre sin el tuyo escrito al lado,
un cansancio de otoño que desnude
y prepare racimos de colores.
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