Puteada
 
—¡Hijo de puta! —gritó Jorge; y le acomodó un sopapo al pibe que le hizo conocer las estrellas.
 
Su hijo no entendía el porqué del cachetazo. Había aprendido tempranamente que todo en la vida tiene una causa, y por ello, con sus ojitos muy abiertos, buscaba dentro del cuarto la razón de tal conducta paterna, mas no encontraba respuesta. Y la mejilla le empezaba a arder.
 
Tan solo veía a papá llorisqueando entrecortadamente, una carta rota sobre las baldosas frías, y mamá, que no estaba.
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