Señor de la tranquilidad, apágate,
deja de torturarme en ratos de augurio,
expande mi tacto
y al son de la penumbra
rómpelo sin dejar pasos.
 
Hazme saltar como cuando
llevaba mis trajes a las alfombras de tu cielo
                                              /Blanco y negro
enséñame el proverbio para no olvidar
las almas regadas en mi cuerpo.
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