POEMARIO DE BAEZA
Baeza loa su grandeza,
su majestad de realeza,
nunca vive la tristeza,
porque siempre en sus calles reza,
Baeza elegante y fina delicadeza.
La armonía de corazón está presente,
el poeta de Baeza nunca ausente,
siempre en la boca, los labios y su mente,
recuerdo de amores poéticos en la frente,
no olvido, nunca venido a su gente.
Relicario de historias recurrentes,
que se entremezclan entre pasados y presentes,
emergen las noches y los días en sus fuentes,
en sus aguas cristalinas de hadas ausentes,
de mitos y leyendas siempre sugerentes.
Baeza paraíso florido de hombres grandes,
lugar escondido entre hermosos parajes,
sitio de paso para caballeros andantes,
eterno secreto de divinos paisajes,
elenco sumergido de misterios elocuentes.
Baeza de recuerdos vibrantes,
de caminantes silenciosos y comerciantes,
de religiosos y poetas elocuentes,
de hierro fundido en mágicas calles,
de piedra bien labrada en tus embates.
Baeza más que nunca pedías,
siempre brindando copas de armonía,
luciendo tus mejores galas en las rimas que oía,
sorprendiendo al viajero que te quería,
amando a los amantes de la amada poesía.
El poeta y el poema en tus rincones se escondía,
En la noche serena como amantes nocturnos,
Las letras abrazaban al poeta que respondía,
Dando besos de alegría a la rima que poseía.
Queriéndose con delicado amor como moribundos.
Baeza corazón fuerte y corazón puro,
iluminado lema de licor oscuro,
amor de belleza suave en ramo duro,
ilusión eterna que el pájaro tubo,
de vuelos singulares en el aire rudo.
Pesados caminares de trabajos estelares,
como guantes espaciales en fiestas nacionales,
gallardo caballero con ropajes particulares,
fenómenos celestiales para almas elementales,
espurio dolor al licor de tabernas y ajuares.
Baeza en una de tus suntuosas tabernas,
silla de madera fina y elegante,
en la taberna tú luces semblante,
mientras la gente busca sentarse,
la mesa es tú compañera,
mesa sublime en sus maneras.
Maderas de curvas perfectas,
bien labradas por carpinteras,
hermosamente decoradas para estar a tú vera,
la piden para amarte y usarte,
cuando no te encuentras sola y ausente,
pero la mesa siempre sueña quererte.
su majestad de realeza,
nunca vive la tristeza,
porque siempre en sus calles reza,
Baeza elegante y fina delicadeza.
La armonía de corazón está presente,
el poeta de Baeza nunca ausente,
siempre en la boca, los labios y su mente,
recuerdo de amores poéticos en la frente,
no olvido, nunca venido a su gente.
Relicario de historias recurrentes,
que se entremezclan entre pasados y presentes,
emergen las noches y los días en sus fuentes,
en sus aguas cristalinas de hadas ausentes,
de mitos y leyendas siempre sugerentes.
Baeza paraíso florido de hombres grandes,
lugar escondido entre hermosos parajes,
sitio de paso para caballeros andantes,
eterno secreto de divinos paisajes,
elenco sumergido de misterios elocuentes.
Baeza de recuerdos vibrantes,
de caminantes silenciosos y comerciantes,
de religiosos y poetas elocuentes,
de hierro fundido en mágicas calles,
de piedra bien labrada en tus embates.
Baeza más que nunca pedías,
siempre brindando copas de armonía,
luciendo tus mejores galas en las rimas que oía,
sorprendiendo al viajero que te quería,
amando a los amantes de la amada poesía.
El poeta y el poema en tus rincones se escondía,
En la noche serena como amantes nocturnos,
Las letras abrazaban al poeta que respondía,
Dando besos de alegría a la rima que poseía.
Queriéndose con delicado amor como moribundos.
Baeza corazón fuerte y corazón puro,
iluminado lema de licor oscuro,
amor de belleza suave en ramo duro,
ilusión eterna que el pájaro tubo,
de vuelos singulares en el aire rudo.
Pesados caminares de trabajos estelares,
como guantes espaciales en fiestas nacionales,
gallardo caballero con ropajes particulares,
fenómenos celestiales para almas elementales,
espurio dolor al licor de tabernas y ajuares.
Baeza en una de tus suntuosas tabernas,
silla de madera fina y elegante,
en la taberna tú luces semblante,
mientras la gente busca sentarse,
la mesa es tú compañera,
mesa sublime en sus maneras.
Maderas de curvas perfectas,
bien labradas por carpinteras,
hermosamente decoradas para estar a tú vera,
la piden para amarte y usarte,
cuando no te encuentras sola y ausente,
pero la mesa siempre sueña quererte.
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