Ciudad de obsidiana

He construido una ciudad dentro de mí

con los ladrillos de lo que no quise ver.

Calles de mentiras bien contadas,

plazas donde habita el miedo,

puertas que nunca abro por si detrás

está la verdad que no supe sostener.

Los Caminantes recorren mis pasillos

con pasos que suenan a culpa.

No son demonios.

Son las preguntas que no hice,

los espejos que evité,

las despedidas que fingí que no dolían.

Firmé un contrato con el olvido.

Vida a cambio de no recordar.

Pero la memoria siempre vuelve,

siempre encuentra la grieta,

siempre abre la puerta

que creí haber cerrado para siempre.

Y entonces veo la ciudad que habito.

Y entiendo que el infierno no está abajo.

Está en cada mentira que me cuento,

en cada culpa que no suelto,

en cada espejo que giro

para no verme.

Quizá por eso escribo.

Para derribar muros.

Para que los Caminantes descansen.

Para que la ciudad de obsidiana

deje de ser mi casa

y se convierta, al fin,

en ruinas que ya no duelen.

Gracias por leer. Gracias por estar aquí. Gracias por darle una oportunidad a esta historia que, en el fondo, es también la tuya.

Las palabras terminan donde acaba el texto. Las reflexiones, en cambio, suelen continuar mucho después, en silencio, acompañándonos en lugares que ni siquiera sabíamos que existían.

Juan Carlos Rodríguez SorianoEscritor, poeta y autor de Bitácora del Alma

Técnico logístico de día. Poeta de noche. Escribo para que el silencio deje de ser vacío.

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Y quizá la próxima reflexión que leas aquí llegue a ti justo cuando más la necesites.

© 2026 Juan Carlos Rodríguez Soriano

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