PERSPECTIVA DE UN AMOR PROPIO
Hace mucho tiempo cuando la lumbrera era el vínculo de los dos mundos, apareció él, tan sencillo y fugaz como el viento; pero fuerte y voraz como el océano, su mirada traspasaba los anhelos y su voz hacía eco en el silencio. El verano era su enemigo, el otoño su aliado y el invierno traía su oscuro pasado, él no conocía la primavera, tampoco la calidez de un amor verdadero, solo la frialdad de una lejana cueva. Las estrellas se compadecieron y en una noche de luna llena, le dijeron que saliera, que descubriera el mundo como un viajero destinado a conocer una tierra nueva y quizás, también una primavera. Así comienza el descubrimiento de las más bellas emociones jamás experimentadas por el misterioso guerrero, como hojas de otoño viajando en el viento, anhelando reposar en el cielo, pero ¿podrá ser cierto que él conocería todo esto o solo quizás sea aún más amarga su experiencia?, entonces entendió que la soledad no es estar solo, sino es estar vacío, con una profunda herida en el alma, él corría hacia el destino, como un adolescente en busca de sus sueños, pero la desolada noche hizo parar su transitar, ¿cuánto faltaba por recorrer? ¿dónde estaba lo que buscaba? su mente se nubló, su corazón por un momento se paralizó, sus manos temblaban, sus piernas cayeron en aquél desierto, o eso era, al menos, lo que percibía su alma y como siempre anhelando la muerte, pronto quedó dormido acariciado dulcemente por la luna, cuánta calidez decía en sus adentros. Al amanecer, el sonido de un lejano río resonaba en sus oídos como canto de muchas olas, pronto, el destello de aquellos rayos lo obligaron a que se levantase, como si le anunciaran la llegada de algo nuevo, con dificultad levantó la mirada, y vio un cielo azul y nubes blancas ¿he muerto? se preguntó. Sus ojos asombrados yacían en el horizonte...nada se parecía a esa tétrica cueva, donde solo oscuridad rodeaba su mente. Sus pupilas se dilataron como si nunca hubiese experimentado tal magnitud de belleza, lo lejano parecía venir a su encuentro como primavera dejando atrás el invierno. Las gotas de rocío impregnadas en las hojas, caían como lluvia templada dentro de su alma, ¿era esto lo que el buscaba? Ciertamente había calma, más el dolor de su corazón herido opacaron aquella calma, sus ojos se nublaron y ya no vieron aquél horizonte, fue un sueño seguramente, se dijo a sí mismo. Una vez más caminaba solo el aquél desierto, pero ¿por qué todo lo sentido, la calma percibida se sintió tan real?, una vez más se preguntó, sus ojos se llenaron de lágrimas, no lo entendía. La confusión abrumaba su mente, sus sentidos estaban totalmente nublados, su alma enfurecida hacía que sus ojos, como el rojo carmesí, buscaran la salida de tan atroz momento
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