Los silencios y las desilusiones ensordecen las clavijas desteñidas de los relojes; matan sin piedad los sueños destartalando los caminos trazados…
Al talabartero de los tiempos se le ha acabado el material con que trabajaba los zapatos para seguir, no pudo terminar el cordel para amarrar las horas, los minutos, en que las luciérnagas alumbraban los caminos para llegar al puerto seguro de los abrazos, sin prisa, que entregan las amapolas en el campo de tu sonrisa…
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