Duele un amor fracasado, la decepción y el infortunio, pero duele más tener que ser el autor de un olvido. Es aquel un frío momento donde tu corazón sincroniza con tu cerebro y tu alma al unísono vislumbran un camino oscuro y sin salida, en medio de una relación destinada a la extinción; es justo ese momento seco donde duele en lo profundo del corazón, como espina de la más bella flor, porque una vez más confirmas que ya no hay salvación.
 Duele comprender que a pesar de que ha crecido un fuerte vínculo, único, empoderado y creído antes indestructible, es ahora tan frágil como la piel de un tierno infante, tan vulnerable y expuesto cual copito de nieve. Duele más, agudiza el dolor en las entrañas el tener presente que nos equivocamos al pretender terminar nuestros días a su lado, pues ahora entendemos que lo mejor es olvidar. Olvidar para evitar esa catástrofe que como nube negra y cargada se posa sobre nuestros días soleados opacando nuestras sonrisas y oscureciendo el horizonte.
Consciente de la salida más conveniente, dudo parado sobre el pórtico, si atravesar o no, pues una vez puesto mi pie más allá de él detonaré la inminente destrucción de nuestra vida juntos. Morirá ese "nosotros" para convertirme en "yo" pero al final es lo mejor, lo siento, casi lo palpo, pero...
 
¿Por qué lo dudo?
¿Hasta cuándo seguiré pensando en que puedo jugar solo dar?
 
Como duele empezar a caminar sobre tu olvido, dejando paulatinamente atrás las caricias, los besos de buenas noches, las sonrisas cuando a mi mente invades.... Duele empezar a plantar barricadas entre tu hermoso cuerpo y el mío, el deshilachar hebra por hebra ese colorido laso que nos une y apuñalar mi pobre corazón pidiendo a los cielos que se desangre pronto, poder morir en medio de este amor imposible y teniendo la esperanza de renacer en mi soledad después.
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