Nunca existió hechizo tal
como para contener a los vientos
no existió evocación alguna
como para retenerlos entre brazos
ni apostasías, ni conjuraciones
 
No se vislumbro sortilegio tal
que adagie amancebar a los vientos que vienen del sur
que haga que se postren a nuestros lechos
ni siquiera para que desvanadas nos velen inmaculadas
con tan solo el ápice lúdico de sus bostezos
 
No existo nigromancia alguna
que prediga su dicha entre nuestras alboradas
que resuene disonante sus pulcros pliegues
ni siquiera para que libinamente muestre sus videncias
 
Crisantemos se aprecian idóneos en sus alunados encajes
los azules de los cielos le envuelven sedalinos
le surcan la esencia de los alabastros en sus delgadas manos
y cintos de nieve le afirman su silueta de cristal almíbar
 
Más no se hallo encantamiento tal
que enuncie holocausticamente que este sumida
que se luzca sumisa, postrada, azorada y encandilada
para nuestro beneplácito, para nuestro menester mas luso
 
Nunca existió evocación alguna
que premonice embelesadamente a los vientos del sur
como nuestras ascendientes princesas foráneas
que altiva las enuncie como las beldades lejanas
 
No se lucio poción o menjunje hibrido a margaritas
ni se allano lustro en anatematizadas liturgias
como para seducir sus esteladas formas
no se estimo de enquerelladas practicas mortecinas
como para dilucidar siquiera palmo de su sonrisa
 
Por eso conjuro estos escritos bajo el manto de la noche
en donde la relicaria luna me brinda su placencia
por eso vidriosos mis pupilas se hacen
mientras que araño de pura impotencia las piedra que me sujetan
pues tu silueta se pierde entre el atardecer lejano
dejando solo promesas de un mañana a tu lado
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