Nunca estuvo demasiado bien
Nunca estuvo demasiado bien,
lo sabemos.
Cuando cortas la cuerda,
un nuevo nudo no basta.
Ahora que vemos todo,
mirar atrás no tiene sentido.
No se retiene lo que pasa.
El tiempo escribe sobre los recuerdos,
miles de sucesos nuevos.
Entonces, ¿qué queda de lo que hubo?
¿Una mera sensación de satisfacción?
Ni siquiera eso, también se cuela el dolor.
Pero ahora, con 21 gramos menos,
ya nada importa,
ni lo que hubo, ni lo que hay
y confiar en lo que habrá mañana
no es una opcioón segura.
Nunca estuvo demasiado bien.
En los límites de nuestros pensamientos
siempre se oculta la verdad,
la que se cubre siempre ahí,
presente en nuestra mente,
ausente en nuestras palabras,
esperando el peor momento para salir.
Cuando más débil pisas terreno,
la caída puede romperte más que unos huesos,
pero no es razón para arrastrarse,
permanecer en el suelo es cobarde,
te limitas a mirar viejas huellas,
en vez de ver nuevas luces desde tu cielo.
Nunca estuvo demasiado bien.
lo sabemos.
Cuando cortas la cuerda,
un nuevo nudo no basta.
Ahora que vemos todo,
mirar atrás no tiene sentido.
No se retiene lo que pasa.
El tiempo escribe sobre los recuerdos,
miles de sucesos nuevos.
Entonces, ¿qué queda de lo que hubo?
¿Una mera sensación de satisfacción?
Ni siquiera eso, también se cuela el dolor.
Pero ahora, con 21 gramos menos,
ya nada importa,
ni lo que hubo, ni lo que hay
y confiar en lo que habrá mañana
no es una opcioón segura.
Nunca estuvo demasiado bien.
En los límites de nuestros pensamientos
siempre se oculta la verdad,
la que se cubre siempre ahí,
presente en nuestra mente,
ausente en nuestras palabras,
esperando el peor momento para salir.
Cuando más débil pisas terreno,
la caída puede romperte más que unos huesos,
pero no es razón para arrastrarse,
permanecer en el suelo es cobarde,
te limitas a mirar viejas huellas,
en vez de ver nuevas luces desde tu cielo.
Nunca estuvo demasiado bien.
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