Cuando te hayas ido,
me preguntaré quien deshace el cierre de tu falda,
y moriré de celos.

Cuando te hayas ido, 
recitaré como canción de cuna,
las veces que besé tu espalda,
y moriré de anhelo.

Cuando te hayas ido, 
le contaré a mi soledad de la felicidad que me diste,
y moriré recordando.
Cuando te hayas ido,
te escribiré unos versos,
deseando que los leas,
y como no lo harás,
moriré de tristeza.
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