Evitar escuchar esa voz, 
conseguir soslayarla de mí, 
tan perdida demasiadas mañanas, 
multitud de mañanas perdí. 

Normalizo temerme, 
necesito no considerarme, 
 
no enfrentarme a mí, 
menos atender tal conocida voz. 

Esa voz recordando, 
efímeras son las oportunidades, 
la suerte uno la elige, 
el destino dibujaré.
  

Esa voz insistiendo,
las tantas veces que no arriesgué, 
los cometidos errores, 
el intenso dolor que realicé. 

Por esa razón rehuyo, 
porque adoro leerla a ella, 
llena de seguridad la palabra más sencilla, 
leer entre línes su mejor versión, 
y entonces, la mía. 
 
1160

Cargando comentarios...