En la vastedad del tiempo, mi añoranza se despliega,

Un eco solitario que en el alma se anega.

En la presencia de aquella que no me brinda alegría,

Busco la calma de la soledad, mi melodía.

En la quietud de la noche, la nostalgia se despierta,

Un susurro melancólico que en el pecho se inserta.

En la compañía de quien no llena mi corazón,

Suspiro por la serenidad, mi única canción.

En el abrazo del silencio, encuentro mi refugio,

Donde la paz me envuelve, sin ningún sortilegio.

Deseo sentirme como en una soledad pacífica,

Donde mi ser se encuentra en plenitud, sin réplica.

En los rincones del recuerdo, mi mente se desliza,

Reviviendo momentos de dicha, donde el viento susurra.

Añoro la serenidad que la soledad me brindaba,

Cuando el alma danzaba, en su propia balada.

Pero aquí estoy, con alguien que no me colma,

Donde la tristeza y el desencanto se asoman.

Anhelo la quietud de la soledad que tanto extraño,

Donde mi corazón solitario encuentra su tamaño.

Quizás es hora de buscar mi propia felicidad,

De alejarme de quien no me causa plenitud, en realidad.

Encontraré la paz en la soledad que tanto anhelo,

Donde mi ser se encontrará, en su propio vuelo.

La nostalgia de la soledad me susurra al oído,

Pero sé que puedo encontrar un nuevo sentido.

Buscaré la paz en mi propio ser, en mi propia verdad,

Y así, dejaré atrás la tristeza y la añoranza en la eternidad.

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