Nuestros muertos siempre estarán con nosotros.
Sus ausencias presentes diariamente,
se configuran en un cobijo nocturno y silente, diligente...
protector.
La inexistente plegaria cubre efecto
al retumbar con fuerza sobre los vidrios
y las canciones desmoronan los ojos,
limpian entre el agua cristalina y salada
que llevamos dentro. 
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