La venganza es el final
La venganza es el final
Un rojo cielo antes de negro ser,
El fuego, notas y rimas,
Enviaban con vado crudo,
Llenos de líneas envejeció,
Un caracol, tres pisos de recuerdo
Vivos presentes consentía,
El tiempo de la inercia llegaba,
Muchos ruegos caen en sus suelos,
Pero su retórica inexorable era,
Muchos errores sus vientos presenciaron,
Los más desarrollados como judas
Cambiaron, la lluvia a los niños,
Su sonrisa viva no afecto,
Un clarividente, incapaz de ser conciente,
Se sentía abajo,
Pero en lo más cercano al cielo,
Los ojos de un halcón, oscuros, llorosos,
A nadie condenaban, sin rencor, hace cien amaneceres, se oyo, perdonalos, concientes de lo que han hecho no han hecho no han sido, El borde de su cuerpo se desvanecía,
Por los maderos no enteros,
El medio de esa estructura,
Al igual que los obstáculos
Contemporáneos para sus aires,
Espera asentir el calor
de una venganza antes incierta,
merecido tal vez, un rostro de
sera por el calor del sol ya era,
molduras de los cuerpos,
superiores pocos quedaban,
cornisas se encargaban de
acechar su sufrimiento,
haciendo este, de un anterior
recuerdo nada extraño,
pero permanente e insaciable,
los ruegos aun seguían,
pero la venganza, una maquina
eléctrica irreversible e intocable,
imitara así el arrepentimiento,
a su alma llegar tratara,
el reverso del tiempo si
crearse pudiera no lo narraría,
para la inmensidad de este
cielo, su pupila dilatada,
cada vez más conquistaba,
ni el lloriqueo, ni lo esbelto,
nada siquiera de tenerlo trataba,
en los sueños cruzados
un dolor igual no se veía,
por cada grano destruido,
la nostalgia, las propias almas,
con fuego quemaban todas,
la gravedad forzada los
cuerpos acorralaban, solo
existían ya cuatro o cinco,
lados que en destrucción se veían,
el viento mi color rozaba,
desmenuzarte, mi dolor lo cortaba,
cuando a mi espalda estando,
boca arriba cortándome, ya lo
demás sufría por lo natural,
la venganza inerte era el final,
todo era un Apocalipsis,
y todas las almas en el,
espacio de nuevo una eternidad,
sin crepúsculo apreciaba el vació,
lloraba sin mentir,
pesado mi rostro colapsaba,
saltaba a las copas para conquistar,
jamás dejaría de besar el cielo,
jamás encontraría un trueno indefenso,
jamás recordare la vida.
Cesar A Barrera Albornoz.e
Un rojo cielo antes de negro ser,
El fuego, notas y rimas,
Enviaban con vado crudo,
Llenos de líneas envejeció,
Un caracol, tres pisos de recuerdo
Vivos presentes consentía,
El tiempo de la inercia llegaba,
Muchos ruegos caen en sus suelos,
Pero su retórica inexorable era,
Muchos errores sus vientos presenciaron,
Los más desarrollados como judas
Cambiaron, la lluvia a los niños,
Su sonrisa viva no afecto,
Un clarividente, incapaz de ser conciente,
Se sentía abajo,
Pero en lo más cercano al cielo,
Los ojos de un halcón, oscuros, llorosos,
A nadie condenaban, sin rencor, hace cien amaneceres, se oyo, perdonalos, concientes de lo que han hecho no han hecho no han sido, El borde de su cuerpo se desvanecía,
Por los maderos no enteros,
El medio de esa estructura,
Al igual que los obstáculos
Contemporáneos para sus aires,
Espera asentir el calor
de una venganza antes incierta,
merecido tal vez, un rostro de
sera por el calor del sol ya era,
molduras de los cuerpos,
superiores pocos quedaban,
cornisas se encargaban de
acechar su sufrimiento,
haciendo este, de un anterior
recuerdo nada extraño,
pero permanente e insaciable,
los ruegos aun seguían,
pero la venganza, una maquina
eléctrica irreversible e intocable,
imitara así el arrepentimiento,
a su alma llegar tratara,
el reverso del tiempo si
crearse pudiera no lo narraría,
para la inmensidad de este
cielo, su pupila dilatada,
cada vez más conquistaba,
ni el lloriqueo, ni lo esbelto,
nada siquiera de tenerlo trataba,
en los sueños cruzados
un dolor igual no se veía,
por cada grano destruido,
la nostalgia, las propias almas,
con fuego quemaban todas,
la gravedad forzada los
cuerpos acorralaban, solo
existían ya cuatro o cinco,
lados que en destrucción se veían,
el viento mi color rozaba,
desmenuzarte, mi dolor lo cortaba,
cuando a mi espalda estando,
boca arriba cortándome, ya lo
demás sufría por lo natural,
la venganza inerte era el final,
todo era un Apocalipsis,
y todas las almas en el,
espacio de nuevo una eternidad,
sin crepúsculo apreciaba el vació,
lloraba sin mentir,
pesado mi rostro colapsaba,
saltaba a las copas para conquistar,
jamás dejaría de besar el cielo,
jamás encontraría un trueno indefenso,
jamás recordare la vida.
Cesar A Barrera Albornoz.e
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