Que tarde tan suelta, de verdes limones,
que cante al olvido, quien cante mi nombre,
el sol pica, los pómulos como tomates,
y los tomates a lo lejos, se perciben sus colores.
Que placida tarde, de angustia ligera,
el azul del cielo, quizá una libélula,
seremos amigos hoy y para siempre
seremos mas que nada, un silencio intrascendente.
Seré responsable de tu vida y de la mía,
serás comandante de mi corta despedida
viajaremos muy tibios como arrope de siesta
cenaremos al viento y contaremos estrellas.
Porque aun nos has hablado? Señor que no se mira...
aquí estas a mi lado, porque te he andado buscando,
solías cantar cuando te encontraba en mis sueños,
y hoy pareces triste, quizá un poco inquieto.
Me señalas el tiempo, te señalo el camino
comenzamos muy lento, un último respiro
me tomas la mano, todo se vuelve silencio
ya no percibo, no escucho...ahora sí estoy sola.
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