Dicen que una regla secreta de la amistad entre el hombre y la mujer es que no exista el sexo.

Aquella noche con mi amiga habíamos estado consumiendo una buena cantidad de cocaína y alcohol.

La luz tenue en su pequeño departamento, ella bella y larga tendida en mis pies.

La curiosidad mato al gato se comenta, y comenzó aquel flirteo que se vio interrumpido por el estruendo cercano de una puerta de ascensor, que nos puso alertas y paranoicos creyendo que se trataba de su novio.

-Basta yo no puedo así, dijo ella.

-Bueno conteste, pero al menos mostrame las tetas, así me llevo un buen recuerdo.

Río con una mueca deliciosa.

-Tenes razón después de tanta histeria te lo mereces.

Y se levanto la remera negra dejando al aire dos grandes pezones rosados y erguidos de unas pequeñas y preciosas tetas.

Luego de algunos besos en aquellos frutos dulces del paraíso y un último pase, aquella noche de flirteo y paranoia termino.

Pero aquel recuerdo de mi amiga me inspira este poema.

Sin que haya podido develar, en este caso, la realidad de aquella regla.
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