La muerte blanca de un Pantera Negra
Nunca hubiera pensado que mi fin llegaría a manos de un hermano. Alguien a quien seguramente di desayuno y orgullo de raza, a quien enseñe a defenderse con las armas de la brutalidad policial y el poder del capital de la gente blanca, tan blanca como la cocaína que vende y consumo, tan blanca como la nieve de los fríos inviernos del Harlem, tan blanca como las sabanas y paredes de un hospital que se le niegan al negro o la camisa de la enfermera que yo y mis camaradas organizábamos para curarlos de las enfermedades que por el hambre, la falta de atención y el abuso mataban a los nuestros. Nunca hubiera pensado que un hermano aquí en las calles de Oakland, un pandillero que irónicamente llama a su banda la Familia de la Guerrilla Negra, aquí donde yo forme la gran guerrilla de las Panteras Negras, a las que el mismísimo J. Edgar Hoover condeno como el principal peligro del Imperio americano, que aquí en casa, por un poco de cocaína y crack, por un poco de droga, me encontraría revolcado en un charco de sangre. Nunca hubiera pensado que la muerte me llegaría así, tan anónima y oscura como el color de mi piel o la piel de mis hermanos del África, como la piel de las panteras, como las noches oscuras en las calles de los hermanos que nada tienen más que unos cartones y un viejo abrigo para refugiarse del frío blanco, tan blanco como la nieve y esta cocaína que se me niega, tan blanca como la piel de las mujeres que nos miran con deseo de lujuria o con desprecio racista por nuestra negritud. Nunca hubiera pensado que estas tres explosiones de las balas que yo enseñe a disparar a mis hermanos de la comunidad para hacer la guerra al capital iban a atravesar mi cuerpo obligándome a revolcar en este charco de sangre, mi propia sangre de hombre negro, por un poco de blanca cocaína, a manos de un hermano que se dice de la Familia de la Guerrilla Negra por el dinero que los blancos dueños del capital poseen explotando nuestra sangre y que nuestros hermanos a duras penas obtienen dejando su sangre en ello.
Nunca hubiera pensado una muerte tan inmerecidamente estupida para una pantera negra.
Nunca hubiera pensado una muerte tan inmerecidamente estupida para una pantera negra.
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