​No es la palabra que consuela.

​Es la mano que comprueba la temperatura de la frente

en medio de la noche,

el gesto automático de cubrir un hombro

que se ha quedado fuera de la sábana.

​Es la geometría del cuidado:

dejar la puerta entornada para que entre un hilo de claridad,

apretar un tornillo en la pata de la silla,

asegurar el pestillo antes de que caiga la sombra.

​El paso que retrocede despacio en el pasillo,

el cuerpo que regresa a su descanso

sin hacer crujir la madera.

​El agua sirviéndose en el vaso.

El abrigo dispuesto junto a la salida.

La llave que gira sin hacer ruido en la cerradura.

Antonio Portillo Spinola ©

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