Desde aquella noche no he vuelto a mirar la luna de la misma manera.
Porque recuerdo que era de noche,
que las luces apenas alcanzaban a iluminar la fiesta,
y aun así hubo algo que brillaba más.
Tus ojos.
No sé si fue el momento,
la forma en que te miré,
o la suerte de coincidir contigo aquella noche.
Solo sé que, entre toda la gente,
fueron tus ojos los que se quedaron conmigo.
Y es curioso,
porque desde entonces hemos hablado a través de una pantalla,
intercambiando mensajes, risas y pensamientos.
Pero cada noche,
cuando aparece la luna,
mi memoria vuelve a ese instante.
A esa primera vez que te vi.
A esa primera vez que entendí
que existen miradas capaces de quedarse viviendo en alguien.
Tengo ganas de verte otra vez.
No para comprobar nada,
porque ya sé que eres especial.
Tengo ganas de verte
porque hay personas que despiertan curiosidad.
Y luego estás tú,
que despiertas algo mucho más difícil de explicar.
A veces siento que voy demasiado rápido,
porque apenas estamos escribiendo los primeros renglones de esta historia.
Pero también siento que sería mentira fingir indiferencia.
Porque me gustas.
Me gusta esperarte.
Me gusta leerte.
Me gusta imaginar el día en que volvamos a encontrarnos.
Y mientras ese día llega,
seguiré mirando la luna.
No porque sea la más hermosa del cielo.
Sino porque cada vez que la veo,
me recuerda a aquella noche en que tus ojos brillaban tanto...
que hicieron que hasta la luna pareciera quedarse observándote.
Cargando comentarios...