La dolencia del hombre desarraigado de su ser y su tierra:
El exilio que se abre sin grilletes cercanos: Con pinos y areniscas.
El aire es melancólico entre las impaciencias del cuerpo que es echado lejos de ciudadelas...Más ya no escribe arias y está su cuerpo en luto y es el abandonado
y desheredado de hecho donde es Melancolía.
Más la memoria viene y el memorial fatiga entre helechos históricos y le arroja
a los vientos de las tribulaciones como si sólo fuera tez de arcilla olvidada u hoja
seca y frígida.
Hay ruido entre los sauces que velan su esclerótica: Tan turbada y atada al celo
por la patria.
No tiene opulencia ni algún divertimento y se sabe extraviado aún en lugares vírgenes.
Aquello que ya fuera ya no es y quisiera quebrar las vasijas del orbe y ser de nuevo aquel que loara al orfebre que día tras día gastaba horas en su traspatio.
Ahora expatrido perece entre cerros exóticos y ya ha dejado de festejar en ruina.
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