Es invierno.
 
los árboles y las flores
lo saben,
los perros también.
 
Los vidrios se empañan,
transpiran, lloran.
 
Mi boca exhala humo
cuando salgo afuera y me choco
con el frío que comienza a
entrar por mis pies
recorriendo cada rincón de mi cuerpo
hasta llegar tiempo después
a mis manos
que es
cuando se entumecen
perdiendo así el tacto,
-parecen morir-
hasta que un cuerpo tibio
les regala la dicha de la Resurrección.
 
 
 
 
 
 
 
PD: leer más en ----> detrasdelbosqueestaelmar.blogspot.com  
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