Se cerraron los puertos de la algarabía,
los barcos regresan al silencio,
las velas plegadas junto al mástil,
fantasmas del olvido.
Devastados de hastío,
saturados de esperas,
instalan su tristeza
en un rincón del tiempo.
Muelle blando para la melacolía,
orilla fácil para la desventura.
Desterrado de dulzura
ha quedado el amor
.
En espacios de sal y espuma,
morada entre cielo y mar,
comparte la oquedad de la roca
y la desesperción del viento.
Gaviotas curiosas
acuden a su encuentro,
nodrizas gentiles, dispuestas.
lo rescatan del la muerte.
Y otra vez se desliza por mis venas,
de regreso del intento,
sigue horadando mis entrañas,
resurgiendo en mi.
Lidia Seajer
De mi libro "Otros Caminos"
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