Rasguñas mis neuronas con tus versos, con tus fuegos
y vacias gota a gota tus labios, tu vino añejo
y dices preguntar, porqué no entiendes
este no hastío  que da, al tenerte.
 
Demonios siempre estarán presentes
pero de cabecera, solo el híbrido goliardo al que visita
un cuervo con sencillas violetas.
 
Seis metros bajo tierra no son suficientes
para ocultar al nec-ronmántico, nec-rontundo
que infringe las entrañas de mi cráneo
y las lleva a danzar un vals mefisto hóxidoazucarado.
 
Maldita melodia  moldeada por las manos
de ese niño etéreo que envicia de insomnios,
diástoles y sístoles punzantes
poseidos por antropófagas palabras.
 
Hoy me guardo recostada  en tu espalda
y miro como mueren las estrellas
y escucho con curiosidad el latido
del único demonio que no he olvidado...
 
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