Hombre de hierro; pareces,
que afilas tus agallas al amanecer
y cargas en tus espaldas
un mundo de trabajo, como espadas.
Te enclaustras en el trajín,
de tus afanes sin fin,
porque el día,  no abraza las horas,
escasamente descansas y ya no oras.
Colmas el jarrón de piedras,
dejando espacio vacío; si pudieras
del mismo modo echarle arenas,
para que se equilibren,  como cadenas.
¡A eso me refiero!
Cuando digo; no se abrumen tanto,
el tiempo es veloz y  corre junto al viento,
vivir;  sin postergar las pequeñas cosas, prefiero.
 
 
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